6 mayo

El dogma de la Asunción, proclamado por el Papa Pío XII en 1950, no afirma ni niega la muerte de la Virgen María.

Dice textualmente que “la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Hay una hipótesis que sostiene que falleció en Éfeso (Turquía). Es conocida por los peregrinos la llamada “Casita de la Virgen”, donde habría vivido la Madre de Dios con San Juan al final de su vida y donde habría muerto. Pero la mayor parte de las crónicas ubican el tránsito de María en Jerusalén hacia los 65 años.

En Jerusalén se veneran dos lugares. En la ciudad Vieja, está la abadía de Hagia María, en el llamado monte Sión, al lado del Cenáculo, donde la Iglesia católica recuerda la “dormición” de María. Es una iglesia moderna (s.XIX) construida sobre una primitiva sinagoga judeocristiana. Según la tradición, aquí murió la Virgen María.

Al otro lado, al pie del Monte de los Olivos, está el lugar más acreditado en los estudios arqueológicos e históricos: la Iglesia del “Sepulcro de María” (siglo XIV reconstruida sobre otra del siglo IV), junto a Getsemaní, donde se puede visitar la vacía sepultura después de bajar una empinada escalera de 50 peldaños. Se venera el lugar desde el mismo siglo I. Custodiada por los Franciscanos fue sustraída en el año 1757 momento en el que pasa a manos de los greco-ortodoxos.

El papa Juan Pablo II, en su catequesis del 25 de junio de 1997, se pronunció sobre el debate teólogico, argumentando que la madre de Jesús sí murió, es decir, que debió “experimentar en su propia carne el drama de la muerte”, como toda criatura humana.

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