JUEVES 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PROFUNDIZAR

-Yo los voy a arreglar, bichos de la gran flauta -dijo el campesino descolgando la escopeta. -Déjalos, pobrecitos, quién sabe si no tienen nido -dijo la mujer-. Todos los años vienen y la cosecha no falla ¿Tú sabes lo que sería la cosecha sin esos bichos dañinos?  -dijo el Hombre-. Desde la casa se veían los cuervos sobre el maizal, como un remolino de papelitos quemados. El Hombre se situó detrás de la parva y comenzó a abatirlos a tiro seguro. Diez días sonaron los estampidos fragorosos y cayeron los pájaros aleteando. Y después se fueron los cuervos para no volver. Y sucedió que ese año se perdió la mitad de la cosecha, porque salió una plaga de gusanos peludos y asquerosos que comían los granos de las mazorcas. Y al año siguiente la cosecha se perdió entera, porque parece que los cuervos eran los que comían esos gusanos pestíferos que antes nadie había visto. -¡El bien que me hacían los cuervos y yo no supe! -dijo el Hombre-.

Esta parábola nos sirva para entender cuán de superficial es nuestra mirada. Detrás del aparente mal siempre hay un bien que no atisbamos y que nos es necesario para fortalecernos y afrontar retos mayores que vengan. Por otro lado, el mal que nos pueda hacer alguien descubre una persona herida y necesitada que sólo puede ser curada con el bien y el perdón. Así lo enseñó el Señor: “amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt. 5).

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