MIÉRCOLES 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PERSPECTIVA

Cuando habitualmente hablamos del confinamiento obligado resulta que para unos es un día más y para otros un día menos. Unos buscan culpables y otros piensan en los inocentes que lo sufren. Unos se protegen con guantes y mascarilla para no contagiar y otros para que no les transmitan el virus. Unos cantan “resistiré” y otros “hoy puede ser un gran día”. Unos lloran porque no pueden salir y otros aprovechan para hacer en el hogar lo que nunca tuvieron ni tendrán tiempo. Unos aplauden a las ocho y otros no quieren convivir con sanitarios. 

Estamos en una situación muy difícil pero única e irrepetible. Y tenemos que vivirla. El problema es que cada uno no ve las cosas como son sino como es él. O dicho de otro modo lo que ves, escuchas y vives depende de qué tipo de persona eres y desde qué punto estás mirando. Cuidado, muchas veces el peor enemigo lo llevamos dentro.

He aquí  un cuento ilustrador:

Un viajero se aproximaba a una gran ciudad y preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino: “¿Cómo es la gente de esta ciudad?”. Ella le inquirió a su vez: “¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?”.

“Terrible, mezquina, no se puede confiar en ella… detestable en todo los sentidos”, respondió el viajero. “¡Ah! -exclamó la mujer-, encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges”.

Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía. “Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir.”, declaró el segundo viajero. La sabia mujer le respondió: “Lo mismo hallarás en la ciudad adonde te diriges”.

Enseñaba Jesús: “El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.(Lc. 3)

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