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2 mayo

Para empezar, en 1917 la Biblioteca John Rylands de Manchester adquirió un gran panel de papiro egipcio escrito en el año 250 en griego koiné (la lengua franca mediterránea en la que se escribieron los Evangelios). En el fragmento etiquetado con el número 470 se encontró la oración dedicada a la Virgen María más antigua descubierta al día de hoy. Reza así:

Bajo tu compasión nos refugiamos oh Madre de Dios,

nuestras peticiones no desprecies en tiempos de problemas,

sino rescátanos del peligro, tú solo santa, tú solo bendita.

1 mayo

Comenzamos el mes de Mayo dedicado tradicionalmente a la Virgen María. El papa Francisco nos ha escrito una carta invitándonos este año a rezar en familia el santo Rosario. Una oración apreciada por numerosos Santos que es típicamente meditativa y un compendio del Evangelio. Propone la meditación de los misterios de Cristo con el método basado en la repetición. Esto vale ante todo para el Ave María, que se repite diez veces en cada misterio. Es lo que pasa en el amor que no se cansa de dirigirse a la persona amada con las mismas expresiones muchas veces,  que son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira.

Desde este medio de comunicación parroquial, recibiréis diariamente alguna propuesta en honor de nuestra Madre.

JUEVES 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PROFUNDIZAR

-Yo los voy a arreglar, bichos de la gran flauta -dijo el campesino descolgando la escopeta. -Déjalos, pobrecitos, quién sabe si no tienen nido -dijo la mujer-. Todos los años vienen y la cosecha no falla ¿Tú sabes lo que sería la cosecha sin esos bichos dañinos?  -dijo el Hombre-. Desde la casa se veían los cuervos sobre el maizal, como un remolino de papelitos quemados. El Hombre se situó detrás de la parva y comenzó a abatirlos a tiro seguro. Diez días sonaron los estampidos fragorosos y cayeron los pájaros aleteando. Y después se fueron los cuervos para no volver. Y sucedió que ese año se perdió la mitad de la cosecha, porque salió una plaga de gusanos peludos y asquerosos que comían los granos de las mazorcas. Y al año siguiente la cosecha se perdió entera, porque parece que los cuervos eran los que comían esos gusanos pestíferos que antes nadie había visto. -¡El bien que me hacían los cuervos y yo no supe! -dijo el Hombre-.

Esta parábola nos sirva para entender cuán de superficial es nuestra mirada. Detrás del aparente mal siempre hay un bien que no atisbamos y que nos es necesario para fortalecernos y afrontar retos mayores que vengan. Por otro lado, el mal que nos pueda hacer alguien descubre una persona herida y necesitada que sólo puede ser curada con el bien y el perdón. Así lo enseñó el Señor: “amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt. 5).

MIÉRCOLES 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PERSPECTIVA

Cuando habitualmente hablamos del confinamiento obligado resulta que para unos es un día más y para otros un día menos. Unos buscan culpables y otros piensan en los inocentes que lo sufren. Unos se protegen con guantes y mascarilla para no contagiar y otros para que no les transmitan el virus. Unos cantan “resistiré” y otros “hoy puede ser un gran día”. Unos lloran porque no pueden salir y otros aprovechan para hacer en el hogar lo que nunca tuvieron ni tendrán tiempo. Unos aplauden a las ocho y otros no quieren convivir con sanitarios. 

Estamos en una situación muy difícil pero única e irrepetible. Y tenemos que vivirla. El problema es que cada uno no ve las cosas como son sino como es él. O dicho de otro modo lo que ves, escuchas y vives depende de qué tipo de persona eres y desde qué punto estás mirando. Cuidado, muchas veces el peor enemigo lo llevamos dentro.

He aquí  un cuento ilustrador:

Un viajero se aproximaba a una gran ciudad y preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino: “¿Cómo es la gente de esta ciudad?”. Ella le inquirió a su vez: “¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?”.

“Terrible, mezquina, no se puede confiar en ella… detestable en todo los sentidos”, respondió el viajero. “¡Ah! -exclamó la mujer-, encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges”.

Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía. “Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir.”, declaró el segundo viajero. La sabia mujer le respondió: “Lo mismo hallarás en la ciudad adonde te diriges”.

Enseñaba Jesús: “El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.(Lc. 3)

MARTES 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PLANETA AZUL

El parón económico y laboral promovido para frenar la pandemia ha hecho emerger algo inesperado. El planeta está respirando, los peces han vuelto a verse en las aguas ahora limpias de Venecia y las boinas de polución sobre las ciudades están desapareciendo; ha habido una caída significativa en las concentraciones de dióxido de nitrógeno; las emisiones de CO2 disminuyen. El descenso de la cantidad de desplazamientos en vehículos a motor, la disminución de la producción industrial y el consumo se traduce en menos contaminación, aguas más limpias y cielos más claros. Algo estamos haciendo mal cuando el desarrollo económico de nuestra sociedad hace que este nuestro hogar no sea un espacio saludable. Mientras los gerifaltes buscan soluciones para proteger nuestra Casa Común, revisemos nuestros hábitos para que sean ecológicos y contribuyan al bien común del medio ambiente.

Dice el Papa que San Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas». La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio. (Laudato Si, Papa Francisco)

LUNES 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PRESCINDIBLES

Los grandes pensadores de la historia coinciden en  la existencia de necesidades naturales (aquellas que el hombre requiere como tal), y necesidades sobreañadidas (esto es, superfluas). En el primer grupo apenas señalan tres: alimento, casa y vestido. Con el tiempo, hemos convertido en necesarios algunos otros bienes. Ojo, que la universalización no los vuelve imprescindibles ni siquiera convenientes. 

Los bienes convenientes tienen la tendencia a resultar necesarios y los bienes superfluos tienden a ser, a la postre, dañinos. ¿Qué es, entonces, lo que distingue lo necesario de lo superfluo o lo conveniente de lo nocivo? No puede distinguirse mediante fórmulas generales. La misma droga que perjudica a un morfinómano beneficia a un enfermo.

Pero Aristóteles nos ofrece un criterio: son bienes necesarios (y convenientes) aquellos que ayudan al hombre en el ejercicio de la virtud(“areté”) (el término significa consistencia, excelencia, felicidad: ser persona en la máxima medida posible).

Podemos ir más allá: la carencia de bienes, el prescindir de lo superfluo contribuye a la virtud. Esto, no parece comprensible en nuestra época, ya que la escasez nos parece intrínsecamente mala. Sin embargo, la experiencia demuestra que la pobreza y la limitación engendra en nosotros fuerza. Y la fuerza, no la abundancia, nos defiende de la pobreza. Por eso el sabio del libro bíblico de los Proverbios imploraba en su oración diaria: ”no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que robe por necesidad y ofenda el nombre de mi Dios” (30,8).

Dos conclusiones: primera, quien retiene para sí lo superfluo ofende y perjudica a quien carece de lo necesario; segunda, quien retiene lo superfluo se perjudica sobre todo a sí mismo, ya que se impide el ejercicio de la solidaridad, que es la virtud más profundamente humana (la insolidaridad es nociva, ya que encierra al hombre en sí mismo y lo empequeñece).

DOMINGO 3 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: IGLESIA DOMÉSTICA

Los antiguos hablaban de tres altares en el matrimonio cristiano. San Juan Crisóstomo (patriarca de Constantinopla, considerado por la Iglesia uno de los cuatro grandes Padres del Oriente), en el siglo IV, fue el primero que habló de la familia como una “pequeña iglesia” y recomendaba a los casados hacer de su hogar una “iglesia doméstica”.

El primer altar es el de la comunidad cristiana donde se nos sirve el pan de la palabra de Dios y de la eucaristía. También es el de la oración familiar según nuestro santo: “Junto a la lectura de la Sagrada Escritura es necesario también rezar juntos: donde algunos se reúnen en la oración y en el canto de los salmos, se puede llamar a esta reunión verdaderamente Iglesia

El segundo altar es la mesa familiar donde se comparten los alimentos, donde la familia da gracias a Dios por la comida, donde se comunican las vivencias y se transmite la sabiduría y la fe de padres a hijos. “No puedes hablar a una gran multitud, pero puedes ayudar a tus hijos a tener una mente más sana”, decía Crisóstomo.

El tercer altar es el tálamo nupcial, es decir, la cama matrimonial. No es para menos porque es lugar donde Cristo se entrega a su esposa la Iglesia a través de los esposos. Es un lugar sagrado.

Esta realidad “sacramental” reclama una estética cuidada y esmerada. El marco exterior, los signos, favorecen o desprecian la santidad de los “altares”. Por eso y a modo de conclusiones:

1. Reza y lee la Biblia con tus hijos en casa. Pero no te cierres en tu pequeña iglesia y reúnete con la Comunidad más grande.

2.- Comed la familia junta, todos los días y en una mesa bien dispuesta y hermosa.

3.- Valora y haz respetar el lugar santo del tálamo nupcial donde se da la bendita entrega esponsal y la santa  transmisión de la vida.

SÁBADO 2 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: DEPENDENCIA

Ante los problemas que van brotando por el colapso del coronavirus, descubrimos que los agricultores son más importantes que las estrellas de cine y que la labor del personal sanitario vale más que todos los cracks del fútbol. Necesitamos de los sanitarios, de los que trabajan en la alimentación, de los transportistas, de los barrenderos, de las fuerzas de seguridad,…, de nuestros seres queridos. Somos absolutamente dependientes. Solos, nos es imposible subsistir. La cuarentena nos está  mostrando lo transcendental que son los demás para uno y lo valiosas que son nuestras relaciones. Obviamente nos confirma que Dios tenía razón: “No es bueno que el hombre esté solo”.

Por eso, es de importancia vital hacer más agradables las relaciones humanas en el transcurso de nuestra existencia, ya que de ello depende el equilibrio personal, espiritual y salud mental. Está en juego la calidad de vida de cada uno, de todos y de los que vengan detrás.

VIERNES 2 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: LIBERTAD

Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su mochila para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó: “Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya… dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí”.

Recuerdo una monjita mayor que me decía, hace años, al comentarle la sensación de aislamiento que me producía la reja de la clausura que nos separaba: “sois vosotros los que estáis encerrados detrás de esta reja, nosotras somos libres”. En nuestra época se habla tanto de libertad y, sin embargo, nunca hemos estado tan atados por deseos, pasiones, bienes materiales y manipulaciones sociales. La libertad es un bien interior que ninguna mazmorra la puede sustraer. Pero no crece espontánea, hay que cultivarla. Desde este “encierro” que nos toca vivir podemos meditar los dos ejemplos antedichos.

JUEVES 2 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PATERNIDAD

El mundo hebreo de tiempos de Jesús ponía en estrecha relación los males y los pecados. Cuando uno sufría una enfermedad o una desgracia era consecuencia de sus pecados o los de su familia. Todavía hoy se oye decir a algunos que esta pandemia es el castigo (léase venganza) de Dios por nuestros pecados que tanto le  ofenden. Para empezar, si a Dios le podemos ofender es que es un dios demasiado pequeño.

Relata el evangelio que llegaron hasta Jesús algunos asustados y escandalizados por una noticia terrible: Pilatos había matado a algunos galileos mezclando su sangre con la de los sacrificios que ofrecían (es horrendo para un israelita ver mezclada su sangre con otra porque en ella habita el alma de cada hombre). ¿Qué pecado tan grave habrían cometido para que Dios les castigase con semejante final?, se preguntaban. Y Jesús les dijo: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Por tanto, no es castigo ni venganza pero sí es enseñanza y corrección para los que caminamos en este mundo. Ciertamente el dolor, la enfermedad y la muerte son males. Y Dios no quiere el mal. Sin embargo, Él es el todopoderoso y es la causa última de todo lo que existe y acontece. En su insondable designio, Él lo permite.

 Jesús nos enseñó que Dios es Padre amoroso y que nos ama por encima de todo. Por eso, puedo entender la contradicción desde el ejemplo terreno de la paternidad. Soy lo que soy y tengo valores grabados en mi corazón gracias a que mis padres me corrigieron muchas veces, incluso con castigos. Otros educadores no me ayudaron, nunca se preocuparon de amonestarme si erraba. Evidentemente no me querían tanto ni les interesaba mi futuro. ¿Quién me ha querido de verdad?