Sobre Joaquín y Ana, padres de María, no hay referencias en la Biblia y no hay informaciones verídicas; las que nos han llegado hoy se derivan de textos apócrifos como el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del pseudo-Mateo, así como de varios testimonios de peregrinos y eclesiásticos. Ambos viven en Jerusalén. Casados, Joaquín y Ana no tienen hijos en veinte años de matrimonio. Sus súplicas son escuchadas: un ángel les anuncia que están a punto de convertirse en padres. El día ocho de septiembre nace en Jerusalén una hermosa niña, la Virgen María, en la casa de sus padres cercana a la Piscina Probática o de Bethesda. Allí, en el año 530, afirma Teodosio el peregrino que hay “un templo consagrado a la Santísima Virgen cerca de la Piscina Probática”. En el siglo XII, los cruzados reconstruyeron una iglesia, todavía existente, dedicada a santa Ana. El testimonio del Cardenal Santiago de Vitry (siglo XIII), Obispo de San Juan de Acre (Israel), es elocuente: «habiendo tomado posesión de Jerusalem los cruzados en el año 1099, encontraron junto a la casa de San Joaquín una iglesia demolida; mas habiendo sabido que allí nació la Santísima Virgen, la purificaron y la volvieron al culto».Cuando María cumple 3 años Joaquín y Ana la presentan en el Templo para consagrarla al servicio del mismo. Dice una tradición constante que los padres de la Virgen ante “las calamidades públicas que precedieron a la coronación de Herodes y la saña con que éste persiguió a todos los miembros de la dinastía de los Macabeos, los movió, como a otros muchos, a salir de Jerusalem escogiendo como refugio la ciudad de Nazareth”. Los textos apócrifos no informan nada más sobre Joaquín, mientras que sobre Ana dicen que vivió hasta los 80 años de edad. Sus reliquias fueron guardadas durante mucho tiempo en Tierra Santa, luego trasladadas a Francia y enterradas en una capilla excavada bajo la catedral de Apt.
7 mayo
Una de las oraciones más célebres después del Padrenuestro es el “Ave María”.
La lengua griega usa dos verbos para el saludo: jaire (alégrate) y hygiaine (ten salud). Eso explica que las versiones modernas de la Biblia suelen traducir “Alégrate, María”. Los romanos, a su vez, empleaban indistintamente dos verbos “ave” y “salve”(=salud, te saludo). El ave se usaba ordinariamente por la mañana, y el salve por la tarde.
La primera parte de la salutación, que data no más allá del siglo IV, surge de versículos del Evangelio, que reproducen el saludo del Ángel Gabriel «Salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo» y el de Isabel, madre de San Juan Bautista: «Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre». En el siglo XIII el papa Urbano IV decide incluir la palabra “María” al inicio para que se identificase la llena de gracia. Así mismo ocurrió con la palabra “Jesús” al final, para que quedase claro quién era el fruto de su vientre. En esta época ya hay un uso generalizado y popular del Ave María. Y en los monasterios comienza la práctica del Rosario, llamado “salterio del Ave María”: una repetición piadosa del Ave María, unas 150 veces, sustituyendo los 150 salmos (salterio) para los monjes que no sabían leer.
La segunda parte de la oración, un ruego, empezó a usarse mucho más tarde, en el siglo XV: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén». Y el papa Pío V en el año 1569 fijó la fórmula definitiva que usamos hoy en día.
6 mayo
El dogma de la Asunción, proclamado por el Papa Pío XII en 1950, no afirma ni niega la muerte de la Virgen María.
Dice textualmente que “la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.
Hay una hipótesis que sostiene que falleció en Éfeso (Turquía). Es conocida por los peregrinos la llamada “Casita de la Virgen”, donde habría vivido la Madre de Dios con San Juan al final de su vida y donde habría muerto. Pero la mayor parte de las crónicas ubican el tránsito de María en Jerusalén hacia los 65 años.
En Jerusalén se veneran dos lugares. En la ciudad Vieja, está la abadía de Hagia María, en el llamado monte Sión, al lado del Cenáculo, donde la Iglesia católica recuerda la “dormición” de María. Es una iglesia moderna (s.XIX) construida sobre una primitiva sinagoga judeocristiana. Según la tradición, aquí murió la Virgen María.
Al otro lado, al pie del Monte de los Olivos, está el lugar más acreditado en los estudios arqueológicos e históricos: la Iglesia del “Sepulcro de María” (siglo XIV reconstruida sobre otra del siglo IV), junto a Getsemaní, donde se puede visitar la vacía sepultura después de bajar una empinada escalera de 50 peldaños. Se venera el lugar desde el mismo siglo I. Custodiada por los Franciscanos fue sustraída en el año 1757 momento en el que pasa a manos de los greco-ortodoxos.
El papa Juan Pablo II, en su catequesis del 25 de junio de 1997, se pronunció sobre el debate teólogico, argumentando que la madre de Jesús sí murió, es decir, que debió “experimentar en su propia carne el drama de la muerte”, como toda criatura humana.
5 mayo
El libro sagrado de los musulmanes menciona a María 34 veces, en su mayoría en relación
con Jesús («Jesús, hijo de María»). Pero también, por ejemplo, declara a María «elegida entre todas las mujeres de la creación» y «señora del paraíso» (III, 42). En dos ocasiones se relata la Anunciación. En una de ellas, los ángeles le anuncian a María que engendrará un hijo que se llamará Al Masih, Isa ibn Maryam (el Mesías, Jesús, hijo de María) y que será famoso. José no es mencionado en el Corán.
Nota: El Corán es el libro sagrado del Islam que, parece ser, Mahoma (+632) recibió del arcángel Gabriel. Los expertos sitúan en el año 800 el texto actual. Hay que tener en cuenta que Mahoma vivió un cristianismo judaizante, herético (nestorianismo) y marginal que existía en Arabia durante el siglo VII.
4 mayo
Las representaciones de María son anteriores a su culto. Por ejemplo, en las catacumbas romanas de Priscilla hay imágenes de la Virgen y de la adoración de los Magos que datan del siglo II. También en Nazaret, en el subsuelo de la Basílica de la Anunciación –erigida en el sitio donde todo apunta a que ella recibió el anuncio del ángel- hay inscripciones que se remontan a los siglos II y III; la más famosa es el saludo del Ángel: Châire Maryam (Ave María).
3 mayo
Todos los evangelistas, excepto san Juan, presentan “Maryam” como nombre propio de la madre de Jesús.
Marcos lo cita sólo una vez, Mateo tres veces y Lucas una vez en el libro de los Hechos de los apóstoles y otra vez en su evangelio. En el resto del NT no se nombra a la madre de Jesús por su nombre. Pero sí se nombran a otras mujeres con ese nombre: la madre de Santiago, la madre de Juan, la madre de Clopás, la Magdalena y la hermana de Lázaro.
Con la misma forma del nombre semítico Maryam conoce la tradición árabe a la madre de Jesús, como consta en el Corán. Este nombre pronto se vio sometido a la helenización, sobre todo por la dificultad para los griegos de pronunciar una «m» final, de este modo quedó asimilado a María. Y hay que esperar hasta fines del s. II d.C. para encontrar el primer testimonio de disimilación de “Maryam” a “Miryam”.
En cuanto a su significado se podría conjeturar como un compuesto de la palabra de origen egipcio “mry” (amar) y la partícula “Ym” (Yahvé). Y profundizando en el arameo, “mar” significa «señor» y “am” (mío)
2 mayo
Para empezar, en 1917 la Biblioteca John Rylands de Manchester adquirió un gran panel de papiro egipcio escrito en el año 250 en griego koiné (la lengua franca mediterránea en la que se escribieron los Evangelios). En el fragmento etiquetado con el número 470 se encontró la oración dedicada a la Virgen María más antigua descubierta al día de hoy. Reza así:
Bajo tu compasión nos refugiamos oh Madre de Dios,
nuestras peticiones no desprecies en tiempos de problemas,
sino rescátanos del peligro, tú solo santa, tú solo bendita.
1 mayo
Comenzamos el mes de Mayo dedicado tradicionalmente a la Virgen María. El papa Francisco nos ha escrito una carta invitándonos este año a rezar en familia el santo Rosario. Una oración apreciada por numerosos Santos que es típicamente meditativa y un compendio del Evangelio. Propone la meditación de los misterios de Cristo con el método basado en la repetición. Esto vale ante todo para el Ave María, que se repite diez veces en cada misterio. Es lo que pasa en el amor que no se cansa de dirigirse a la persona amada con las mismas expresiones muchas veces, que son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira.
Desde este medio de comunicación parroquial, recibiréis diariamente alguna propuesta en honor de nuestra Madre.
JUEVES 3 PASCUA
EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PROFUNDIZAR
-Yo los voy a arreglar, bichos de la gran flauta -dijo el campesino descolgando la escopeta. -Déjalos, pobrecitos, quién sabe si no tienen nido -dijo la mujer-. Todos los años vienen y la cosecha no falla ¿Tú sabes lo que sería la cosecha sin esos bichos dañinos? -dijo el Hombre-. Desde la casa se veían los cuervos sobre el maizal, como un remolino de papelitos quemados. El Hombre se situó detrás de la parva y comenzó a abatirlos a tiro seguro. Diez días sonaron los estampidos fragorosos y cayeron los pájaros aleteando. Y después se fueron los cuervos para no volver. Y sucedió que ese año se perdió la mitad de la cosecha, porque salió una plaga de gusanos peludos y asquerosos que comían los granos de las mazorcas. Y al año siguiente la cosecha se perdió entera, porque parece que los cuervos eran los que comían esos gusanos pestíferos que antes nadie había visto. -¡El bien que me hacían los cuervos y yo no supe! -dijo el Hombre-.
Esta parábola nos sirva para entender cuán de superficial es nuestra mirada. Detrás del aparente mal siempre hay un bien que no atisbamos y que nos es necesario para fortalecernos y afrontar retos mayores que vengan. Por otro lado, el mal que nos pueda hacer alguien descubre una persona herida y necesitada que sólo puede ser curada con el bien y el perdón. Así lo enseñó el Señor: “amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt. 5).
MIÉRCOLES 3 PASCUA
EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: PERSPECTIVA
Cuando habitualmente hablamos del confinamiento obligado resulta que para unos es un día más y para otros un día menos. Unos buscan culpables y otros piensan en los inocentes que lo sufren. Unos se protegen con guantes y mascarilla para no contagiar y otros para que no les transmitan el virus. Unos cantan “resistiré” y otros “hoy puede ser un gran día”. Unos lloran porque no pueden salir y otros aprovechan para hacer en el hogar lo que nunca tuvieron ni tendrán tiempo. Unos aplauden a las ocho y otros no quieren convivir con sanitarios.
Estamos en una situación muy difícil pero única e irrepetible. Y tenemos que vivirla. El problema es que cada uno no ve las cosas como son sino como es él. O dicho de otro modo lo que ves, escuchas y vives depende de qué tipo de persona eres y desde qué punto estás mirando. Cuidado, muchas veces el peor enemigo lo llevamos dentro.
He aquí un cuento ilustrador:
Un viajero se aproximaba a una gran ciudad y preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino: “¿Cómo es la gente de esta ciudad?”. Ella le inquirió a su vez: “¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?”.
“Terrible, mezquina, no se puede confiar en ella… detestable en todo los sentidos”, respondió el viajero. “¡Ah! -exclamó la mujer-, encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges”.
Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía. “Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir.”, declaró el segundo viajero. La sabia mujer le respondió: “Lo mismo hallarás en la ciudad adonde te diriges”.
Enseñaba Jesús: “El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.(Lc. 3)