MIÉRCOLES 2 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: SOLIDARIDAD

Decía san Juan Pablo II, “el sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo” (Salvifici Doloris 30). Y el dolor acrecienta entre nosotros las obras de amor al prójimo. Vemos surgir estos días formas diversas de ayudar al otro. Es el amor inteligente que busca nuevos cauces y medios de expresarse.

En la parábola del Juicio final nos relata Jesús las palabras del hijo del Rey: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; era forastero, y me acogiste; estaba desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel, y viniste a verme.» (Mateo 25)

MARTES 2 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: HUMILDAD

Cuenta el libro bíblico de Números que el Pueblo de Israel, peregrinando por el desierto camino de la Tierra Prometida, se cansó por tantas dificultades y carencias quejándose amargamente y hablando mal de Dios y de Moisés. En ese tiempo llegaron a una zona llena de serpientes que les picaban, enfermaban y morían muchos. Aquellos, que hasta entonces habían renegado de Dios, se volvieron a Moisés para que invocara la ayuda divina. Y Dios no acabó con los bichos asesinos, que parecía la forma más fácil de acabar con aquella plaga. Mandó a Moisés levantar una serpiente de bronce a modo de estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Era una figura de Cristo y su Cruz (Juan 3, 14-17). La Serpiente sana la serpiente: la natura humana de Cristo indestructible (de bronce) sana a la natura humana emponzoñada del pecado. Pero el enfermo debe «mirar hacia Él», invocarlo y creer en Él.

Así que si un día de estos te muerde una serpiente en el talón, no te olvides, levanta los ojos a Cristo y experimentarás la curación.

LUNES 2 PASCUA

EL MAL DE LA PANDEMIA NOS TRAE UN BIEN: FAMILIA

El confinamiento impuesto, que lleva más de un mes y lo que nos queda,  es un lujo para poder disfrutar de la familia y de profundizar en las relaciones familiares. Sin embargo, no se puede ocultar que tanto tiempo juntos en los límites de unos metros cuadrados hacen florecer dificultades de convivencia. Qué oportuno es volver a las 3 palabras que el papa Francisco consideraba necesarias para vivir bien en la familia: permiso, gracias y perdón.

“La primera palabra es “¿permiso?”… entrar en la vida del otro, incluso cuando es parte de nuestra vida, necesita la delicadeza de una actitud no invasiva, que renueva la confianza y el respeto. La confianza, en fin, no autoriza a dar todo por cierto… La segunda palabra es “gracias”… Debemos hacernos intransigentes sobre la educación a la gratitud, al reconocimiento: la dignidad de la persona y la justicia social pasan ambas por aquí… La gratitud, luego, para un creyente, está en el corazón mismo de la fe: un cristiano que no sabe agradecer es uno que ha olvidado la lengua de Dios…. La gratitud es una planta que crece solamente en la tierra de las almas nobles… La tercera palabra es “perdón”. Palabra difícil, cierto, sin embargo tan necesaria. Cuando falta, pequeñas grietas se ensanchan hasta transformarse en fosos profundos… Reconocer de haber faltado y ser deseosos de restituir lo que se ha quitado – respeto, sinceridad, amor – nos hace dignos del perdón. Y así se detiene la infección. Si no somos capaces de disculparnos, quiere decir que ni siquiera somos capaces de perdonar. En la casa donde no se pide perdón comienza a faltar el aire, las aguas se vuelven estancadas. Tantas heridas de los afectos, tantas laceraciones en las familias comienzan con la perdida de esta palabra preciosa “discúlpame”… Pero les doy un consejo: nunca terminen la jornada sin hacer las paces”. (catequesis mayo 2015)

DOMINGO 2 DE PASCUA

CRISTO HA RESUCITADO

Si en estos días de Pascua recibís de algún amigo o conocido de algún país eslavo (aunque no sea creyente), o simplemente veis por ahí, las siglas XB; tenéis que saber que se trata de las iniciales de dos palabras rusas: Христос воскрес (Jristós vaskrés) que literalmente significan: Cristo ha resucitado. Es el saludo característico de la cincuentena pascual, a la cual podéis responder: Воистину воскрес! (Vaístinu vaskrés) – ¡Verdaderamente ha resucitado!

En estos días se acostumbra también a pintar los huevos de Pascua  que es la tradición cristiana más popular en Rusia, tanto entre creyentes como entre ateos. Según la tradición, María Magdalena fue a predicar el Evangelio a Roma. Entonces era costumbre obsequiar al emperador cuando este recibía en audiencia. El origen humilde de María Magdalena no le permitía hacer un lujoso regalo, de manera que obsequió al emperador Tiberio con un huevo de gallina mientras decía “¡Cristo ha resucitado!”. Tiberio reaccionó con incredulidad afirmando que tan imposible era creer que una persona había resucitado como creer que un huevo podía cambiar de blanco a rojo. Antes de que pudiese terminar sus palabras, el emperador vio cómo el huevo comenzaba a tomar color rojo. Desde aquel entonces existe la tradición entre los cristianos de considerar el huevo símbolo de la Resurrección de Cristo y la purificación para una nueva vida mejor.

SÁBADO DE PASCUA

Corría el año 1991 y José Luis Martín Descalzo, sacerdote y periodista, publicaba “El Testamento del Pájaro Solitario”. Fue su obra más autobiográfica y dos meses después partía hacia el Padre después de una larga enfermedad renal a los 63 años. En esta semana solemne pascual resuena el eco de uno de sus más bellos y consoladores poemas recogidos en este libro:

Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura.

VIERNES DE PASCUA

Vivo sin vivir en mí

Santa Teresa de Ávila

Vivo sin vivir en mí

y tan alta vida espero

que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor,

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí;

cuando el corazón le di

puso en mí este letrero:

«Que muero porque no muero».

Esta divina unión,

y el amor con que yo vivo,

hace a mi Dios mi cautivo

y libre mi corazón;

y causa en mí tal pasión

ver a mi Dios prisionero,

que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel y estos hierros

en que está el alma metida!

Sólo esperar la salida

me causa un dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

Acaba ya de dejarme,

vida, no me seas molesta;

porque muriendo, ¿qué resta,

sino vivir y gozarme?

No dejes de consolarme,

muerte, que ansí te requiero:

que muero porque no muero. 

JUEVES DE PASCUA

Santa teresa de Jesús

Vuestra soy

Vuestra soy, para vos nací:

¿qué mandáis hacer de mi?

Soberana Majestad,

eterna sabiduría,

Bondad buena al alma mía;

Dios, Alteza, un Ser, Bondad:

la gran vileza mirad,

que hoy os canta amor así:

¿qué mandáis hacer de mi?

Vuestra soy, pues me criastes,

vuestra pues me redimistes,

vuestra, pues que me sufristes,

vuestra pues que me llamastes.

vuestra, porque me esperastes,

vuestra pues no me perdí,

¿qué mandáis hacer de mi?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,

que haga tan vil criado?

¿Cuál oficio le habéis dado

a este esclavo pecador?

veisme aquí, mi dulce amor,

amor dulce veisme aquí:

¿qué mandáis hacer de mi?

Veis aquí mi corazón,

yo le pongo en vuestra palma;

mi cuerpo, mi vida y alma,

mis entrañas y afición.

Dulce esposo y redención,

pues por vuestra me ofrecí,

¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme muerte, dadme vida;

dad salud o enfermedad,

honra o deshonra me dad,

dadme guerra o paz crecida,

flaqueza o fuerza cumplida,

que a todo digo que sí:

¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme riqueza o pobreza,

dad consuelo o desconsuelo,

dadme alegría o tristeza,

dadme inferno o dadme cielo,

vida dulce, sol sin velo,

pues del todo me rendí:

¿qué mandáis hacer de mi?

Si queréis dadme oración;

si no, dadme sequedad,

si abundancia y devoción,

y si no esterilidad.

Soberana Majestad:

sólo hallo paz aquí,

¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme pues sabiduría,

o, por amor, ignorancia;

dadme años de abundancia,

o de hambre y carestía.

Dad tiniebla o claro día,

revolvedme aquí y allí,

¿qué mandáis hacer de mi?

Si queréis que esté holgando,

quiero por amor holgar,

si me mandáis trabajar,

morir quiero trabajando;

decid dónde, cómo y cuándo,

decid dulce amor decid:

¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme Calvario o Tabor,

desierto o tierra abundosa;

sea Job en el dolor,

o Juan que al pecho reposa;

sea viña fructuosa,

o estéril, si cumple así:

¿qué mandáis hacer de mi?

Sea José puesto en cadena,

o de Egipto adelantado,

o David sufriendo pena,

o ya David encumbrado.

Sea Jonás anegado,

O libertado de allí:

¿qué mandáis hacer de mi?

Haga fruto o no lo haga,

esté callando o hablando,

muéstreme la ley mi llaga,

goce de Evangelio blando;

esté penando o gozando,

sólo vos en mí vivid.

¿qué mandáis hacer de mi?

Vuestra soy, para vos nací:

¿qué mandáis hacer de mi?

MIÉRCOLES DE PASCUA

Nada te turbe. Santa Teresa de Ávila

Nada te turbe,

Nada te espante,

Todo se pasa,

Dios no se muda.

La paciencia

Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

Nada le falta:

Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,

Al cielo sube,

Por nada te acongojes,

Nada te turbe.

A Jesucristo sigue

Con pecho grande,

Y, venga lo que venga,

Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo

Es gloria vana;

Nada tiene de estable,

Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,

Que siempre dura;

Fiel y rico en promesas,

Dios no se muda.

Ámala cual merece

Bondad inmensa;

Pero no hay amor fino

Sin la paciencia.

Confianza y fe viva

Mantenga el alma,

Que quien cree y espera

Todo lo alcanza.

Del infierno acosado

Aunque se viere,

Burlará sus furores

Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,

Cruces, desgracias;

Siendo Dios su tesoro,

Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;

Id, dichas vanas;

Aunque todo lo pierda,

Sólo Dios basta.

MARTES DE PASCUA

En la ciudad vieja de Jerusalén se encuentra la basílica donde se conserva el lugar de la tumba de Jesús y, por tanto, el de su resurrección.

Durante la noche santa de la Resurrección está abarrotada la basílica de cristianos ortodoxos que esperan ansiosos la hora de esa resurrección. Allí oran unos, duermen otros, esperan todos. Y poco después del alba, el patriarca ortodoxo de Jerusalén penetra en el pequeño edículo que encierra el sepulcro de Jesús. Se cierran sus puertas y allí permanece largo rato en oración, mientras crece la ansiedad y la espera de los fieles. Al fin, hacia las seis de la mañana, se abre uno de los ventanucos de la capillita del sepulcro y por él aparece el brazo del patriarca con una antorcha encendida. En esta antorcha encienden los diáconos las suyas y van distribuyendo el fuego entre los fieles que, pasándoselo de unos a otros, van encendiendo todas las antorchas. Sale entonces el patriarca del sepulcro y grita: ¡Cristo ha resucitado! Y toda la comunidad responde: ¡Aleluya!

Y en ese momento se produce la gran desbandada: los fieles se lanzan corriendo hacia las puertas, hacia las calles de la ciudad con sus antorchas encendidas y las atraviesan gritando: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! Y quienes no pudieron ir a la ceremonia encienden a su vez sus antorchas y como un río de fuego se pierden por toda la ciudad.

Sería propio de todos los cristianos dejar arder las antorchas de nuestras almas y salir por el mundo gritando el más gozoso de todos los anuncios: que Cristo ha resucitado y que, como Él, todos nosotros resucitaremos.

Iglesia católica en Buenavista